Composición, c. 1966
Leopoldo Presas
,Acrílico sobre tela, 90 × 110cm.
Nacido en 1915, Leopoldo Presas aquilató una vasta producción, caracterizada por ciclos bien definidos. Desde una primera etapa surrealista, vinculada al Grupo Orión, pasó por un período expresionista, para luego acercarse a la abstracción, alternando con una figuración lírica, que encontró en la mujer una fuente de inspiración permanente. En todos los momentos de su carrera, Presas ha sido y es un exquisito colorista, de estilo inconfundible y dueño de una fina sensualidad matérica. Tres de las cuatro obras que integran esta Colección tienen un lazo común en el tiempo de ejecución y en los procedimientos formales. En efecto, Marina (puerto en día de fiesta) (1958), Composición (puerto de La Boca) (1966), y Composición (c. 1966), corresponden a un período en el que Presas abordó el tema portuario desde una concepción planimétrica, con mínimas referencias a los datos de la realidad. Y aun cuando en las dos primeras hay señales que aluden a un espacio concreto, el de La Boca, es el color el que construye el relato plástico y temático. En esa etapa, Presas se expresó por medio de una poderosa gestualidad, alternando tonos puros, violentos, los azules que estallan, con variaciones que aquietan y equilibran el conjunto. Marina (puerto en día de fiesta) se percibe desde ese entramado cromático. Hay un festivo bullicio de voces que hablan desde y por el color, a tal punto que puede ser vista como una pintura abstracta. De ejecución más sosegada, Composición (puerto de La Boca) remite a un evidente trazado urbano y humano, y nuevamente el color actúa como articulador de la narración. El azul del agua, el negro del asfalto, el amarillo de un estridente día de sol y las figuras distribuidas en toda la geografía del cuadro, se expresan desde el lenguaje de los signos como en un tejido de la cultura paracas. Finalmente, el referente figurativo de Composición, un rostro de perfil, un brazo levantado, son escuetos datos dentro de armonías cromáticas de gran densidad que concentran el interés del espectador. Una pintura que, por la deconstrucción de las formas, revela puntos de contacto con la Nueva Figuración. Posterior en el tiempo, Figure es, en cambio, un trabajo claramente figurativo. Aun así, el artista despliega sobre el cuerpo de la modelo un vibrante juego cromático que rinde tributo a su irrestricta admiración por los fauves, precisamente aquellos precursores que, a comienzos del siglo XX, liberaron el color de la prisión del dibujo, para darle identidad propia. Una libertad que ha sido característica en la producción de Leopoldo Presas.
